Una mujer luchadora que sueña ver profesionales a sus hijos

Taylor De la cruz | 11:16 a.m. |

La siguiente es una historia de una mujer cajabambina que lamentablemente no ha podido realizar sus sueños y tampoco la de sus hijos. Muchos paisanos migran a las grandes ciudades de la costa para cumplir sus metas, sus sueños, pero a veces no se tiene mucha suerte. La protagonista señala que la vida para ella es un sacrificio y una lucha constante por sobrevivir, pese a ello no pierde la esperanza de verlos profesionales a sus menores hijos. Hace pocos días el diario Correo se entrevistó con nuestra paisana y esto fue lo que publicó en su diario local.

María Pizarro Bada tiene 56 años de edad, y es natural de Cajabamba. Salió desde muy joven de su tierra y viajó a la ciudad de Lima a los 18 años de edad. Actualmente vive en el pueblo joven Villa Hermosa del distrito de José Leonardo Ortiz, en Chiclayo.

Es muy común ver a una persona vender golosinas en una esquina céntrica de Chiclayo, pero muy pocas veces nos ponemos a pensar cuáles son sus perspectivas. A sus 56 años de edad, María Pizarro señala que la vida para ella no es sólo un sacrificio y una lucha constante por sobrevivir, sino además siente que no puede realizar un sueño, el que hasta ahora no puede ver cristalizado. Ver a sus hijos profesionales.

En las próximas líneas nos contará su trajinada vida y el sueño en el que aún cree lo puede llegar a cumplir.

¿Cuál es sueño frustrado? Estudiar en una universidad la carrera de Medicina Humana. Desafortunadamente, por falta de dinero no lo pude hacer. Ingresé a trabajar en una fábrica de zapatillas, y luego de 20 años de trabajo me liquidaron, y puse un pequeño negocio, para luego regresar a mi tierra a la fiesta de la Virgen de Rosario.

¿Qué pasó después? Llegué a Chiclayo, donde me comprometí con el padre de mis cuatro hijos, para luego abandonarme cuando mi hija tenía siete años de edad. Desde esa fecha, mi vida cambió por completo. Gracias a Dios pude seguir enviando a mis hijos al colegio.

¿Ahora que hacen? Tristemente nadie pudo ir más allá. Sólo terminaron el colegio y esa es una de mis frustraciones. Mi última hija, de 18 años, está estudiando en la nocturna, porque en el día trabaja vendiendo en un balay. Mis otros hijos, uno lustra botas, y el mayor vende palomitas de maíz.

¿Por qué no siguen estudiando? Dinero. Me siento cansada, pero hay que seguir adelante, porque de lo contrario no hay de donde comer. A pesar que hay institutos públicos, si uno de ellos decide estudiar, ¿de dónde comemos?, nada es fácil en esta vida. Las autoridades deben pensar en la vida del pobre. Me gustaría que el alcalde le conceda media beca a uno de mis hijos.

¿Qué espera de las nuevas autoridades? La verdad nada, porque nunca nos han dado algo. Aunque una vez, el ex congresista Wilmer Rengifo me vio en la calle, y me llevó a cenar, fue un buen gesto. Más no sé de un político, porque cuando son autoridades gobiernan para sus intereses, sin mirar a las personas que de sol a sol se ganan el pan del día.

¿No tiene esperanzas? Sí. En la gente que me compra mis golosinas y me ayuda desinteresadamente, por ellos rezo mucho para que Dios los proteja.

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