Cajabamba en época de la Independencia aportó más dinero que cualquier otro pueblo a la causa libertadora

Taylor De la cruz | 6:15 a.m. |

El 20 de diciembre de 1820, don José Bernardo de Torre Tagle y Portocarrero, Marqués de Torres Tagle, proclamó la independencia del Perú en la ciudad de Trujillo, considerándose como el primer grito de libertad en el país, coincidente con la ocupación del territorio peruano por las fuerzas de don José de San Martín.

Desde esos momentos en Cajabamba empezó la lucha entre los simpatizantes de la corona de España y los que querían la independencia. En la zona norte, en especial en los territorios que estaban vinculados con Trujillo fueron reemplazados los subdelegados que representaban al gobierno español por gobernadores que eran personas simpatizantes de la libertad; en Cajabamba, se nombró a don Pablo Diéguez de Florencia para la preparación de la causa independiente.

Cuando todo parecía marchar a favor el movimiento libertador, en Cajamarca se levantó don Mariano Castro y Tabeada, limeño residente en Cajamarca, a favor del rey de España. En Cajabamba, don Miguel Escalante, dueño de Araqueda y Algamarca se había levantado aún antes de Mariano Castro y asumió el título de General de la provincia de Huamachuco en nombre del rey. Cajabamba y Otuzco, provincia de la intendencia de Trujillo sus habitantes españoles y descendientes de estos lograron mantenerse unidos y se pronunciaron a favor del rey.

Mientras tanto en Cajabamba, los españoles Juan Antonio Escuza, acaudalado hombre de negocios y miembro de la Universidad de Alcalá con su cuñado don José Joaquín Ortecho, alcalde de Cajabamba; el religioso español prior del convento Gonzáles de la Carrera, propietarios de la hacienda Chorobamba; don Antonio María de Cárdenas dueño de las haciendas de Otuto, Hualanga, Cauday y Malcas, sirvieron a la causa realista con grandes cantidades de dinero y cuantas cosa necesitaba.

Los huamachuquinos levantaban en armas con mucho patriotismo y entusiasmo aguardaban temerosos que los cajabambinos al mando de Escalante atacaran y saquearan Huamachuco, para luego poder unirse a los realistas de las demás provincias como Otuzco, Santiago de Chuco, Uzquil, Cajamarca, etc., pero antes de que esto sucediera, Huamachuco envió a don José Faustino Sánchez Carrión y a don Pedro Soto, Vicario General de la provincia como emisarios de pacificación. Escalante se reunió con la comisión ofreciendo no atacar sólo si las circunstancias no le obligaban.

Por supuesto que no todos eran realistas en Cajabamba; también había gente que sigilosamente trabajaba a favor de la causa libertadora; tal es el caso de don José Torrel, cajabambino, que escapó de las fuerzas de Miguel Escalante.

Torrel, dirigiéndose hacia el Valle de Condebamba, pidió posada en la hacienda Izcocucho, donde fue recibido por el dueño don Ramón Diaz Calderón y cuando se preparaba para partir, con mucha insistencia se le atajó hasta el siguiente día su pretexto de que ya era tarde y que el río estaba muy crecido para pasar mientras José Torrel creía en la bondadosa amistad de Ramón Díaz, éste envió un propio a Escalante para que mandara capturar a Torrel. A las cinco de la mañana Miguel Escuza llegaba con una tropa de soldados a apresar a Torrel; mas el patriota Cajabambino, con una gran serenidad explicó a Escuza que él también era agente y correo de la causa realista, enseñándole una carta falsa del jefe del movimiento español en Cajamarca, Castro Taboada. En dicha carta daban informes precisos de los planes realistas, y otros documentos que deberían ser urgentemente entregados. Escuza, convencido, dejó partir A Torrel quien contento y feliz se perdió por los montes yendo a unirse con las tropas patriotas.

Poco después, el teniente coronel don Andrés de Santa Cruz, atacó Otuzco, vencido y ejecutando a todos los realistas que pudieron coger.

En Cajabamba, Escalante y todos los demás allegados a la corona, desalentados por los fracasos de la provincia de Otuzco, deshizo el ejército leal a la Corona y huyó antes de que las fuerzas patriotas llegasen a enfrentarse con ellos, pero fueron capturados en la hacienda la Succha, donde habían llegado a pernoctar por una noche y luego seguir su huída, pero el administrador de la hacienda, don Casiano Quezada, escapó antes de que lo vieran y juntando toda la noche a los campesinos del fundo, en la madrugada volvió y apresó a los realistas Cajabambinos y los condujo a Huamachuco. Allí el pueblo exaltado casi los lincha, pero la decidida intervención del subprefecto Coronel Pablo Dieguez y Florencia y del gobernador don Manuel Iparraguirre, calmó los ánimos de los Huamachuquinos, y los enviaron a Trujillo para ponerlos a disposición de Torre Tagle. Don Miguel Escalante fue sentenciado y enviado a prisión a la fortaleza del Real Felipe; los demás notables que lo acompañaron dicen que huyeron y permanecieron fugitivos hasta 1826.

Curiosamente, don Miguel Escalante tenía un hermano de madre. Don José Velezmoro, quien juntamente con su madre, Margarita de Velezmoro, se había plegado o era partidario de la causa independiente. Luego del brutal aplastamiento que sufrieron los realistas en los pueblos de la intendencia de Trujillo, pasó por Cajabamba don Andrés Santa Cruz, recibiendo de manos de sus soldados una espada de acero toledano con empuñadura de marfil e incrustaciones de oro, verdadera joya incautada en el saqueo a la casa del español a la casa del español Juan Antonio Escuza cuando éste había huido Santa Cruz, al menos en un gesto noble envió la espada a la esposa de Escuza explicando que el ejército libertador no estaba para saquear sino para hacer el bien a la patria.

Tiempo después ya cuando Bolívar estaba en el Perú, parte del ejército libertador acantonado en Cajabamba, al mando de la Mar y Gamarra, recibió toda clase de ayuda, especialmente en las haciendas de Araqueda, Algamarca y Chuquibamba, propiedad de la señora antes mencionada, Margarita de Velezmoro. Mientras, Bolívar se enfrentaba a las disputas políticas, en las cuales el Marqués de Torre Tagle, los Granaderos Argentinos y Riva Agüero estaba en tratos con los españoles para expulsar del Perú a los que ellos llamaban el enemigo común, refiriéndose a Bolívar y sus tropas colombianas.

El ejército liberador de Bolívar se preparaba rápidamente en Huaraz, Trujillo, Huamachuco y Cajabamba. En este último lugar obligaron para la guerra muchísimos Cajabambinos, conformando la Legión Peruana de Infantería y los Lanceros de la Victoria.

Los primeros días del mes de mayo de 1824 llego Bolívar a Cajabamba a pasar revista a sus tropas, y se hospedó en la casa parroquial.

Por aquellos días, los Cajabambinos obreros, campesinos y artesanos tuvieron que contribuir muchos de ellos a la fuerza en la preparación de las tropas; aún más la parroquia tuvo que entregar todos los utensilios sagrados: coronas y milagros de oro y plata. Y a las damas Cajabambinas les incautaron sus joyas dizque para costear las guerras de la liberación. Cajabamba, con voluntad por parte de algunos o sin ella por parte de la mayoría, fue el pueblo que al final contribuyó más que ningún otro ala causa libertadora, como lo muestra la historia en el siguiente cuadro de contribuciones que hicieron diferentes pueblos de la zona norte.
Cajamarca: 5000 pesos
Asunción y Jesús: 1000 pesos
Magdalena: 240 pesos
Celendin: 220 pesos
Jaén: 1002 pesos
Pariamarca, Hualanga, Encañada y LLacanora: 62 pesos
Celendín, Segunda Remesa: 1041 pesos
San Marcos e Ichocan: 980 pesos
Trinidad y Guzmango: 444 pesos
Cajabamba: 27,229 pesos, mas muchos hombres que murieron en los campos de Junín y Ayacucho.

Datos obtenidos de "Cronicas y Leyendas de Cajabamba" - Carlos Quevedo

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