Homenaje a una madre cajabambina (In Memoriam: Elvia)

Taylor De la cruz | 5:21 p.m. |


Por: Guillermo SILVA RODRÍGUEZ

Mi progenitora y mensajera luminosa de amor y felicidad nació un 3 de junio en Cajabamba, hija de Juana y Cesar, mis abuelos. Fue la segunda de cuatro hermanas. Esta mujer de pequeña estatura, con una mirada serena y profunda, bastante firme como una piedra en su fe y en su perseverancia, salió adelante apoyando a sus dos hermanas menores y a mí. La caracterizó su coraje y altruismo, por su capacidad y su talento natural de organizadora y trabajadora.

Toda su vida fue de arduo trabajo, pero daba el valor necesario a las pequeñas cosas hechas con fidelidad y amor. Creo que tuvo más aciertos positivos que defectos, como es normal en cualesquier persona o familia. La recuerdo y anhelo a mi madre y me hace bien recordarla y anhelarla. Te amo, te amé y te amaré, como dice la canción de Francis Cabrel. Pensar en ella me hace caminar acompañado y no me siento solo. Y cuando una imagen de ella viene a mi mente, me deja sin palabras.

Elvia es la persona que me ha enseñado y guiado en la vida, siempre estuvo presente, me decía algo cuando me equivocaba, se decepcionaba de mis malas acciones, pero se enorgullecía de lo que conseguía. Partí de nuestra tierra porque quería seguir estudios en la Universidad, cosa que ella por su situación económica, no podía apoyarme. La solución fue una beca de estudios, pero sin boletos de ida y regreso. Entonces, la separación fue muy dura y por mucho tiempo. Aún así, fue la fiel seguidora de mis pasos por el mundo, por varias décadas (en Europa, en América Central, en África y en América del Norte). Te agradezco Mamita.

Ella se daba el tiempo para escuchar la radio (su novela preferida, El derecho de nacer) y para conversar. Esperaba el momento preciso para preguntarme o comentar algo que no le gusto. Las bromas que le jugaba le hacían reír y su risa me contagiaba, momentos de alegría para olvidar la pobreza en que vivimos en mi niñez. La hubiese llamado “mapa” porque fue Mamá y Papá al mismo tiempo. Era muy conciliadora y ponía bastante atención al detalle.
Mi madre tuvo un don casi romántico, le encantaban las flores y su casita muy humilde, pero estaba llena de flores. En su jardín y maceteros en la entrada, lo que predominaba eran las rosas, con una variedad de colores. Una sobrina, a su deceso compuso un pequeño poema: Elvia de las rosas.

Cuando yo vivía en Ginebra, Suiza, ella tuvo la oportunidad de visitarme. Pero, no le interesaba el país, ni el turismo, sino quería ver como estaba su hijo, como vive, que come, como se viste, etc. Viajamos a Roma, Italia, deseaba que visite el Vaticano y asistir a la audiencia pública del Papa Juan Pablo II. Mi Mamá perteneció a la Legión de María en nuestra ciudad natal, en los andes del Perú.

Durante los últimos años de su vida, padeció de cáncer al estomago y fue en la Clínica “Maison Santé” en Lima que falleció un 30 de junio de 1990. Doña Elvita, como así te llamaban en nuestro pueblo, te digo que quisiera que renacieras, que resucitaras, que quisiera verte de nuevo….Gracias Elvita, por haberme dado la vida… y… “Feliz cumpleaños”.

ACTUALIZADO 05 DE JUNIO 2011 (COMENTARIOS DE FACEBOOK)



Category:

: