EL Trabajo Infantil en la región Cajamarca

Taylor De la cruz | 8:11 a.m. |

Por: Guillermo SILVA RODRÍGUEZ

En 1959, la Asamblea General de la ONU, aprobaba la Declaración de los Derechos del Niño. Esta, consta de diez principios, en donde el principio 9 dice: “No deberá permitirse al niño trabajar antes de una edad mínima adecuada; en ningún caso se le dedicará ni se le permitirá que se decida por una ocupación o empleo que pueda perjudicar su salud o su educación, e impedir su desarrollo físico, mental o moral”.

Además, con la promulgación de la Convención de 1989 se va adecuando la legislación a los principios de la Declaración. Uno de ellos es que, los niños tienen derecho a la protección contra el trabajo infantil. También, los Convenios de la OIT sobre el trabajo infantil (No 182, sobre las peores formas de trabajo infantil y No 138, sobre la edad mínima de admisión al empleo) nos demuestran que es un problema de inmensas proporciones y de ámbito mundial. En el Perú se considera la edad mínima para trabajar los 14 años (ratificado en 2002).

Sin embargo, en nuestro país, como en otros de América Latina, el total de niños menores de 14 años de edad que trabajan, aumenta progresivamente. Esto se debe a la difícil situación social y económica que vive la mayoría de la población, por la falta de recursos y responsabilidad de los gobiernos, así como de nosotros mismos, los adultos.

-Caso regional
Tomemos como ejemplo nuestra realidad regional (Cajamarca, Cajabamba, San Marcos, Celendín, Hualgayoc, etc.). Hasta los años noventa, en estos lugares la actividad económica principal era la agropecuaria y de servicios. Pero, por efecto de la explotación de minas, se ha transformado la dinámica de la región, de las zonas urbanas y rurales. El incremento poblacional y la diversificación de actividades han causado problemas sociales (delincuencia, prostitución, otros) y ambientales. Y el beneficio económico, va para un reducido grupo.

Entonces, el trabajo infantil se debe a la pobreza, miseria, la escasez y el hambre. La motivación principal es la de tipo económico. A estos niños en su mayoría los encontramos en los oficios callejeros, los cuales son la forma más visible del trabajo infantil y además difícil de controlar. En los mercados, algunas tiendas, restaurantes, hoteles, así como en el trabajo domestico, es decir en las casas de terceros. El trabajo de los niños aparece como una consecuencia para ayudar a satisfacer las necesidades de todos los miembros de sus familias. Aunque, en las zonas rurales a los niños se les incorpora rápidamente a las actividades de los padres y termina siendo su actividad exclusiva.

La alimentación de los niños trabajadores es deficiente. Lo que más consumen diariamente son alimentos del grupo de las harinas, las proteínas están ausentes para la mayoría. El consumo de verduras y frutas es bajo, es decir, su alimentación es rica solamente en calorías proporcionadas por las harinas. Por esto los niños están desnutridos y débiles.

Entre las actividades recreativas se dedican principalmente al juego de la pelota. Un gran porcentaje prefieren ver la televisión, aunque los programas no son buenos, además la inclusión de “novelas” perturba la mentalidad y el tiempo de los niños. No existen juegos en los que participen toda la familia y tampoco hay juegos que estimulen el ejercicio lógico y racional del niño. Ni la familia, ni la escuela dan la estimulación temprana que tanto reclama la educación moderna.

La situación de los niños trabajadores es difícil y tenemos que tratar de rescatar aquello que, es constitutivo de la infancia como es, el amor y la alegría, de brindarles la asistencia y los incentivos adecuados, de respetar en ellos la dignidad y la capacidad de desarrollar su personalidad adecuadamente.
Cortesía de Isabelle F.

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