¿Cómo nos encontramos los peruanos?

Por: Guillermo SILVA
El desarrollo humano es el proceso de aumentar el campo de posibilidades de la población, brindándoles mejores oportunidades de atención médica, educación, ingresos y empleo. Este proceso implica la ampliación de las oportunidades de todas las personas, pero esta área es variable y cambia constantemente. Así mismo, es primordial analizar cómo se traduce el crecimiento en desarrollo humano, pues no es automático el vínculo entre crecimiento económico, el gobierno y tener un nivel de vida decente.

Al principio, para establecer esta medida sobre el desarrollo se han considerado diversas variables: Longevidad (Esperanza de vida), Conocimiento (Alfabetismo adulto) y los Ingresos. Desde 1990, el PNUD comenzó a defender esta medida, argumentando que, la verdadera riqueza de una nación está en su gente. Aunque no ha cambiado mucho a partir de esa fecha en la mayoría de la población.

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Además, me parece que, no es solamente cuestión de estas variables, aunque siempre estén agregando otras, como la democracia, el medio ambiente, etc. También, ésta en la cultura de la gente, en su comportamiento y sentimientos. Desgraciadamente de los conquistadores españoles no hemos heredado gran cosa. Nos falta sin duda alguna, mas solidaridad, unión, cooperación, nos destruimos nosotros mismos (¡no necesitamos una bomba atómica!).

Por consiguiente, es pertinente preguntarnos ¿Cómo nos encontramos los peruanos(as)?... Sin empleo gran porcentaje de profesionales y técnicos (“solo el que tiene padrino se bautiza”), la mayoría de habitantes de las zonas rurales se dedican a la agricultura de subsistencia, migración continua (a las ciudades de la Costa y a los lugares de explotación minera), incrementando el sector informal y las precarias viviendas en zonas urbano marginales, trabajadores mal remunerados, escasa educación ambiental, progresivo aumento del trabajo infantil, prostitución, delincuencia, otros.

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Hace poco, un Primo, psicólogo de formación y profesor en dos Universidades en Lima me comentó: “Los peruanos somos muy envidiosos”. Sabiendo que la envidia es la fuente del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor sino que al otro le vaya peor. Es un hambre espiritual y no produce nada positivo en la persona que lo padece. Es su infelicidad, una declaración de inferioridad. La persona envidiosa cuenta mentiras sobre la persona que envidia y su objetivo es hacer desaparecer a la víctima del horizonte. Es así como surge la disonancia buscando aterrorizar, intimidar a la persona acosada.

Según la Real Academia, envidia significa: Tristeza o pesar del bien ajeno. Emulación, deseo de algo que no se posee. Religiosamente hablando el décimo mandamiento dice: No codiciaras los bienes ajenos. Entonces, envidiar no es algo bueno, sobre todo en un pueblo católico. Tiene un castigo.

Aunque en la actualidad parecen olvidarse estos principios y se vive una serie de casos y tragedias en nuestro país. Por ejemplo, en Cajabamba, un amigo que se fue a trabajar a otro lugar, dejo encargada la casa de su Mamá (fallecida) a su “Tía”, la cual quiere apropiarse del humilde inmueble y cuando regreso encontró que esta “Tía” había logrado cambiar todo a su nombre en la Municipalidad, con ayuda de otros dos “familiares”, agregando también al “error administrativo” (en otra palabras, corrupción). Pronto se iniciará el juicio. Así como este, hay muchísimos casos más. Denuncias, sobornos, maltratos, intimidación, otros. Esto también es el atraso, subdesarrollo y nuestra manera de vivir.