¡Viva la salud!

FOTO CORTESÍA: RPP
Por: Guillermo SILVA RODRIGUEZ
La constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS), fue adoptada en el año 1946, donde firmaron los representantes de 61 Estados. Los mismos declararon nueve principios, que son básicos para la felicidad, las relaciones armoniosas y la seguridad de todos los pueblos. En el primero dice: La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de infecciones o enfermedades. El noveno enfatiza: Los gobiernos tienen responsabilidad en la salud de sus pueblos, la cual sólo puede ser cumplida mediante la adopción de medidas sanitarias y sociales adecuadas.

Entonces, la salud representa el bien esencial en la vida, las premisas del bienestar del ser humano, de nuestra comunidad. También, el sistema de salud constituye un sector económico importante. La oferta y la demanda ejercen una importancia determinante a esta posición. La demanda por su parte resulta ligada a la prosperidad de la sociedad. Las personas pensamos que, nada es más caro para conservar este bien esencial como es la salud. Pero, el medio ambiente se deteriora, el cambio climático, la contaminación del agua, sobre todo por las compañías mineras, etc. Esto trae como consecuencia, otras enfermedades y añadiendo la inadecuada alimentación, la crisis que vivimos y otros factores, son elementos negativos para mantener la buena salud en toda la población.

En lo que concierne a la oferta, se constata diversas tendencias. En primer lugar, los médicos, el progreso técnico, las novedades en el diagnóstico y la terapia. La medicina, es una de las ciencias que se desarrollan lo más rápido y de la manera más marcada en la técnica, pero, nos trae como consecuencia un nuevo orden económico, sin contar a las industrias farmacéuticas.

Desde el instante, cuando hay una señal de alarma en nuestro cuerpo, tenemos la impresión que, nuestro organismo nos ha “traicionado” y que nos afectó una enfermedad. Entonces, nos preguntamos cómo es que, si todo ha funcionado bien durante años, un día comienza a tener errores. Nos cuestionamos y después viene el tiempo de la culpabilidad y estos sentimientos son reforzados en el medio en que vivimos. Por esto, la salud y la enfermedad son parte integral de la vida.

A menudo vemos que, cuando una persona cae enferma se la trata como a un automovilista que, lleva su carro al garaje de reparaciones. Es decir, una vez que el paciente pasa al consultorio, él debe simplemente tener confianza y escuchar al galeno (médico). Se le quita su responsabilidad, su poder de decisión. Todas las clases de médicos parten de la idea que, “hay alguien que sabe y alguien que no sabe”. Es necesario, pues, romper con esta concepción. Dar a los pacientes el “poder” de decisión y transformarlos en “responsables”.

Molière (Jean-Baptiste Poquelin), literato francés, escribía en 1673 en su obra “El enfermo imaginario”: “Vuestra sabiduría es tan sola una quimera, médicos poco doctos y ligeros, no os es dado aliviar con grandes latinajos, el terrible dolor que me enloquece: vuestra sabiduría es tan sólo una quimera”.

Las experiencias que vivimos, nos demuestran que la salud se comercializa. Por ejemplo, los médicos exigen que los análisis de laboratorio se realicen en donde ellos indican. Si no es así, no tiene valor para seguir el tratamiento, tiene que volverse a realizar y si decidimos ir con otro médico es como empezar desde cero, ¡Con una nueva Historia Clínica! ¿Es necesaria la tolerancia de una y otra parte?
La calidad de vida de las personas de nuestro país, de nuestra región, de nuestra ciudad está en juego. El problema agudo, es el costo de la salud, es decir, cuando uno cae enfermo. Actualmente, para la mayoría de las personas es difícil ahorrar y aun más si la persona cae enferma. Los pacientes sufren y sus familias también. Los costos y servicios son demasiados elevados, hay escasez de medicina en las zonas rurales, inclusive si una persona fallece ¿quién le garantiza de ser sepultado decentemente?

Mi amiga Elena, utiliza siempre en sus conversaciones dichos, proverbios y refranes. Recuerdo uno de ellos: “Para muestra sólo basta un botón”. Entonces, tomemos como ejemplo los indicadores de salud de la provincia de Cajabamba, los cuales nos muestran que con una población de 74,287 habitantes (Censo 2007), la Tasa de Mortalidad Infantil (defunciones de menores de un año) es de 58 x mil nacidos vivos y la edad promedio de la madre al nacimiento del primer hijo (años) 20. El porcentaje de niños menores de 5 años con desnutrición crónica es de 48, en la ciudad de Cajabamba 41, en Cachachi 52, en Condebamba 49 y en Sitacocha 50. Nos surgen algunas interrogantes ¿Quién puede disminuirlas? ¿Quién es competente? ¿Cómo establecerlas?

En consecuencia, se tiene que realizar una evaluación completa del sistema de salud, con proposiciones alternativas y de hacerlo funcionar. Por esto, es muy importante reflexionar y planificar a tiempo, desarrollando políticas coherentes y adecuadas para mejorar el futuro de nuestra localidad, nuestra región y nuestra sociedad.