Las visitas de los Diputados y Senadores a Cajabamba

Taylor De la cruz | 1:30 a.m. |




Los representantes políticos de la provincia eran los diputados y por el departamento, el senador, ambos tenían una circunscripción definida. El diputado era por Cajabamba y el Senador por Cajamarca. Ellos constituían los grandes personajes políticos de sus respectivas regiones, los verdaderos caciques locales y regionales. En cada ámbito local tenían vasta ingerencia en el quehacer político de su zona y en especial sobre el personal del magisterio. Cuando visitaban sus zonas, constituía un acontecimiento general donde los únicos reticentes era quienes conformaban la oposición al gobierno de turno y a sus políticos.

La venida a Cajabamba del Diputado por la Provincia era objeto de jolgorio general. Se suspendían las clases, los niños de las escuelas se preparaban para el recibimiento al igual que las autoridades y políticos locales. El Diputado, comandante Leoncio Martínez solía venir en avión. Un pequeño aparato de la Compañía de Aviación Faucett, marca Stinson, tipo monomotor aterrizaba con facilidad en la Pampa Grande o Campo de Aterrizaje. Allí era recibido por las autoridades locales y los más adictos a su política. Los escolares hacían calle a ambos lados de las avenidas, premunidos de banderitas peruanas las cuales agitaban al paso del representante político.

Las maestras y maestros acompañaban a sus alumnos y los alentaban para acompañarlos en sus vivas y hurras. Luego se organizaban una o dos Kermeses por la tarde y una verbena por la noche a la cual asistía un breve momento el diputado acompañado de una corte formada por sus seguidores más adictos.

El senador, como Don Octavio Alva no venía en avión sino a caballo desde La Grama. Le iban a recibir amigos y políticos adictos a él. Tenía partidarios que además eran “amigos” de Don Octavio a quienes premiaba con fotos de él dedicadas especialmente a “su amigo fulano de tal”.La celebraciones incluían sesión solemne en le municipio, retreta por la noche y una verbena y muchos coktails. Solían reunir a la gente en la Plaza de Armas, hablaban las autoridades llenas de elogios al representante y concluía con un discurso del senador alusivo a la ciudad y al gobierno.

Escribe Luis Gerardo de Cárdenas.

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