¿A dónde va la iglesia católica en Cajabamba?

Taylor De la cruz | 7:27 a.m. |

Por: Guillermo SILVA RODRIGUEZ

La religión (del latín, religare) se refiere al “conjunto de creencias existenciales que tratan de la divinidad. Esta implica sentimientos de veneración hacia Dios, de normas morales y de prácticas rituales, como la oración para darle culto y la celebración”. Entre las religiones monoteístas tenemos: el cristianismo (2,300 millones de fieles), el judaísmo (13,3 millones) y el islamismo (1,820 millones). En cualesquier caso, una religión comprende: enseñanzas, prácticas y ritos.

Como fenómeno social, la religión no es algo que el ser humano lo hereda genéticamente, sino que es transmitido y enseñado a través de la cultura. Entonces, la religión cumple una función socializadora y por ende tiene que ser enseñada o de lo contrario, no hay religión.

Por esto, es importante recordar que la iglesia católica es la asamblea del pueblo de Dios en Cristo. Ella existe en los hombres y mujeres que pertenecen a ella o que están llamados a ser miembros de ella (Lumen gentium, 9).

El cristianismo llega al Perú con los conquistadores españoles, quienes estuvieron acompañados de sacerdotes católicos (Dominicos), convirtiendo a nuestros ancestros a la religión católica y causando la destrucción de gran parte de nuestra verdadera cultura andina. Con el transcurso del tiempo, el catolicismo ha llegado a ser la religión oficial del Perú.

La primera diócesis en nuestro país fue la del Cuzco, erigida en 1536. En Cajamarca, la diócesis fue creada en 1908. El Obispo actual (noveno) es Monseñor José C. Martínez Lázaro (Orden de Agustinos Recoletos). La diócesis comprende una población aproximada de 844,000 habitantes (bautizados 804,000) y su territorio está dividido en 38 parroquias, cuenta con 56 sacerdotes, 15 religiosos y 168 religiosas.

En Cajabamba, la iglesia católica San Nicolás de Tolentino se inicia en 1861, año que fue terminada su construcción (Monografía de Cajabamba, L. Eslava). Y a partir de 1998 llega a nuestra ciudad la Congregación Oblatos de San José, para administrarla, hasta nuestros días.

En algunos medios de comunicación, se ha publicado el informe de nuestro paisano, el escritor Carlos Quevedo: “El templo de Cajabamba víctima de sistemáticos robos sacrílegos” el cual consta de 54 páginas, muy bien detalladas con textos y fotos. Me conmovió, me entristeció, ver lo que está sucediendo en Cajabamba, con respecto a la iglesia San Nicolás de Tolentino.

Está muy claro, “más de 23 objetos sagrados de inestimable valor cultural, histórico y religioso, que se han venido perdiendo sistemáticamente desde hace más de 10 años” dice el informe (Custodia, Imagines de La Inmaculada, del Niño Jesús, del Misterio de Navidad, el Rosario de la Virgen del Rosario, un Crucifijo, un Cáliz, etc.). No tiene que quedar impune.

Y es cierto, como dice el señor Quevedo, si los sacerdotes de Cajabamba, “no cumplen con su función principal, la cual es la evangelización en toda la provincia” habría que hacerles un recordatorio y estar pendientes a sus labores, así de simple. No necesitamos ser autoridades para hacer esto, porque la iglesia es la asamblea del pueblo.

También, sería pertinente contactar al Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), cuyo principal objetivo es la conservación, protección y valorización de monumentos y de sitios de interés cultural, para que también estén informados y llegar a controlar a las personas que están detrás de este asunto social, religioso y cultural.

Para terminar, me vino a la memoria al sacristán don Miguelito (QEPD), en la época que recibí la primera comunión y desde mi chocita en el Valle del Condebamba, le pido: “salvare ecclesiae Cajabamba” (Ven a salvar la iglesia de Cajabamba). Amén.
Guillermo Silva

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